ARQUITECTURA DEL VIAJE

“El VIAJAR es la metáfora universal del cambio”. (Daniel Boorstein)
“El único verdadero VIAJE de descubrimiento consiste no en buscar nuevos paisajes, sino en mirar con nuevos ojos” (Marcel Proust)

Si nuestra vida se halla dominada por la persecución de la felicidad y del conocimiento, quizás pocas actividades revelan tanto como el VIAJAR acerca de la dinámica de esta búsqueda, en todo su ardor y con todas sus paradojas.
Este curso vamos a trabajar sobre lo que supone para nosotros como arquitectos el VIAJAR, buscar y conocer lugares, experiencias, arquitecturas con nuestra mirada propia, capturar imágenes e imaginar realidades. Empezaremos en el primer curso de primavera a pensar sobre un objeto-fetiche vinculado al VIAJAR como es la maleta, que en sí misma es un objeto-espacio, con una determinada escala y código modular capaz de atesorar en su interior un sinfín de posibilidades dependiendo de los objetos o mecanismos que ocupen su interior. La maleta es un objeto definitorio de la movilidad contemporánea que remite simultáneamente a varios aspectos del mundo globalizado (conectividad, nomadismo, fluidez) y a sus derivas (factores de riesgo, exceso de seguridad)
La visión de una maleta nos expone a la evidencia de un objeto práctico y funcional que podemos denominar puro objeto, aun cuando se trata de algo ordinario y estándar. Objeto del flujo, de la compresión espacio-temporal propia de nuestro mundo, la maleta es un objeto-símbolo por excelencia de la globalización tan criticada, sobre todo, por no tomar en cuenta los aspectos humanos del intercambio cultural. La maleta. en cuanto prolongación, durante el viaje, de la identidad física y material del individuo, tiene la función de mantener la conexión con lo local, punto de partida del viaje. Al desplazarse, el sujeto lleva una parte de su esfera interna consigo. El contenido de su equipaje, a pesar de ser relativamente estándar, está en realidad profundamente marcado por la identidad de cada individuo. Según esta hipótesis, entendemos también mejor el miedo generalizado a perder la maleta, dado que esa pérdida representa en el fondo un verdadero extravío de uno mismo. Se entiende entonces mejor, desde esta óptica, la lectura dantesca que propone el novelista americano Steve Tesich:
“Si Dante viviera hoy en día, pienso, habría hecho un círculo en el infierno que fuera una cinta transportadora de equipajes. Y en dicho círculo, mientras la cinta daba vueltas, las almas condenadas serían castigadas eternamente a esperar su maleta que no llegaba nunca”.
Una maleta estándar de ejecutivo, tanto por su apariencia exterior —medidas autorizadas para equipaje de mano: 50 × 40 × 20 centímetros, ruedas todoterreno, mango retráctil— como por su contenido —camisas, corbatas, bolsas de plástico transparentes para ropa interior y ropa sucia, fundas de trajes y de zapatos……………….— parece determinada hasta en su contenido estandarizado.
Sin embargo, el contenido del equipaje es un dato determinante, por cuanto la sabiduría del pasajero experimentado se mide precisamente por la flexibilidad de su valija, en términos de repartición del contenido, ergonomía del diseño, ligereza y facilidad de transporte. Estamos ante un ejercicio de apropiación de dimensionado de un espacio limitado, nada ajeno a nuestro oficio de arquitectos.

EJERCICIOS
Los ejercicios que realizaremos en este Curso de Primavera se centraran en una maleta rígida de dimensiones estándar limitada por las compañías aéreas y denominada “maleta de cabina”.

Primer Ejercicio.
El trabajo nos exigirá que ocupemos el interior de la maleta estándar que todos los alumnos compraran según un modelo fijado común a todos los talleres. Se introducirán elementos que completen su volumen y que al montarlos sobre ella podamos construir una estructura vertical que permita en su despliegue alcanzar la altura máxima posible.
Rastreamos materiales y trabajaremos con conceptos como apilamiento, ensamblaje, equilibrio, contrapeso, nudo y basamento.

Segundo Ejercicio.
Tendremos que utilizar la maleta como “transformer”. Desde su propia estructura hasta los elementos que albergue en su interior tendremos que construir un espacio o envolvente mínimo habitable a escala real de un niño con una función determinada. La maleta-espacio ducha, la maleta-cama, la maleta cabaña, la maleta-escalera,………… Este último ejercicio responde a una realidad contemporánea que nos hará reflexionar sobre el habitante urbano como transeúnte, en desplazamiento, en continuo movimiento, un viajero en búsqueda de experiencias, el ser nómada. Estamos pues, ante un individuo que basa su vida en el movimiento, que se desplaza en busca de mejores lugares para vivir. Un ser que experimenta el lugar, lo utiliza y recoge todo lo que éste es capaz de ofrecer. El nomadismo supone una vinculación temporal con el entorno para ser utilizado como espacio habitable. El nómada vive del lugar y en los lugares. El mundo es su vivienda. Lo expresaba muy bien hace ya unos años Toyo Ito:
“Para nosotros, habitantes de la ciudad, como nómadas que sólo podemos reconocer la “casa” uniendo varias de sus funciones que están esparcidas en medio de la ciudad como si fueran pedazos de un cristal roto, me parece significativo que volvamos a pensar, una vez más, en la cabaña primitiva […] aunque sea una cabaña primitiva donde tenemos que refugiarnos, no tiene una composición clara con columnas y vigas como la describía Laugier, sino que me parece que es un abrigo cubierto por un velo suave e invisible.” (Ito, 2000)
Para realizar este último ejercicio debemos situarnos en una visión más conceptual: la casa del niño. Una casa como lugar “virgen”, sin ideas preconcebidas. Un juego en el que la construcción no importa, sino tomar posesión de un espacio. La casa construida podría ser simplemente un hueco debajo de un árbol o un escondite construido con cojines y juguetes. Carece de forma, es solamente un lugar, espacio concreto en el que desarrolla actividades. El truco está en generar un espacio de aparición, en hacer que surja un lugar dentro del cual nuestro yo niña o niño se inserta con la ilusión de estar en una dimensión diferente; un espacio feliz, confortable y propio sobre el que tenemos la certeza de que dentro de sus límites la vida no es igual que fuera, que en su interior existe la posibilidad de vivir una experiencia que puede enseñarnos algo más de nosotros mismos. Un lugar que, a pesar de tener una estructura muy simple y constituir un ámbito reducido, reúne las condiciones para hacer que la vida se anude y condense con especial intensidad.

Curso otoño. VIAJE DE ARQUITECTURA
El segundo cuatrimestre de otoño lo centraremos en proyectar un viaje de arquitectura, visitar espacios y lugares con una estrategia diseñada por cada alumno. A continuación extraeremos de las arquitecturas propuestas para ser visitadas una serie de maquetas conceptuales que expresen lo que estas arquitecturas son capaces de enunciar como estrategias y leyes extrapolables a otros proyectos. Como final del curso proyectaremos una arquitectura en algún lugar de los que visitaremos en el verdadero VIAJE DE ARQUITECTURA que se anunciará en el mes de septiembre para realizarlo todos juntos en la semana de viajes a finales de marzo de 2021. Este segundo Curso de Otoño lo enunciaremos de forma más detallada en su comienzo en septiembre.

Curso 2019 – 2020

Curso 2018 – 2019

Curso 2017 – 2018

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