M. Habilitante Normas General

NORMAS GENERALES 

El Máster Universitario en Arquitectura habilita para el ejercicio de la profesión de Arquitecto. Para acceder directamente a las enseñanzas oficiales de Máster en Arquitectura, será necesario estar en posesión del Título de Grado en Fundamentos de la Arquitectura en alguna Universidad española.

1.FASES DEL APRENDIZAJE

1.1. Módulo proyectual

Este módulo se desarrollará al inicio del curso, se produzca éste en el primer semestre o en el segundo (Otoño o primavera). Consta de tres talleres concertados (el de Proyectos I, el de Composición y el de Urbanismo), con docencia asignada a los departamentos de Proyectos arquitectónicos, Composición arquitectónica y Urbanística y ordenación del territorio, respectivamente. En cada curso académico, los talleres se organizarán en asignaturas, cada una de las cuales servirá de apoyo a un tema concreto del PFC. La matrícula e impartición de los tres talleres serán independientes pero, para garantizar la concertación entre sí y con el Módulo Proyecto Fin de Carrera (PFC), que quedará al término de esta fase definido en grado de anteproyecto, su tribunal será único.

1.2. Módulo de investigación/intensificación en arquitectura

Esta primera fase del citado módulo podrá desarrollarse en todo o parte simultáneamente al módulo proyectual o después de él. Para cada curso académico, se aprobarán por la Comisión Académica de la ETSAM las asignaturas en que vayan a diversificarse las enseñanzas, de las que los alumnos podrán elegir dos (Optativa 1 y Optativa 2). La confluencia de estas asignaturas con el PFC será de colaboración.

1.3. Taller de Proyectos II

Este taller constituye la primera fase del módulo PFC. Podrá desarrollarse simultánea o posteriormente al módulo proyectual, pero lo hará siempre en el primer semestre que curse cada alumno, sea éste el de otoño o el de primavera. Su docencia se asigna al DPA. Su convergencia con las demás enseñanzas será de concertación. Su finalidad será desarrollar el trabajo elaborado en el taller de Proyectos I considerando la implicación y futura integración de los aspectos técnicos y urbanísticos.

1.4. Módulo técnico

Este módulo se desarrollará en el segundo semestre cursado por cada alumno, sea éste el de primavera o el de otoño. Consta de dos talleres concertados (el de Construcción y tecnología y el de Estructuras), con docencia asignada a los departamentos de Construcción y tecnología arquitectónicas y de Estructuras y física de edificación, respectivamente. Estos talleres tendrán una estructura diversificada acorde a los temas del PFC a los que sirvan de apoyo. Su matrícula e impartición serán independientes uno del otro, pero, para garantizar la concertación entre sí y con el proyecto, su tribunal será único.

1.5. Taller de comunicación

Este taller constituye la segunda parte del módulo de Investigación/intensificación en arquitectura. Podrá desarrollarse simultánea o posteriormente al módulo técnico, según se determine para cada año. Su docencia se encomienda al departamento de Ideación gráfica arquitectónica. Proporcionará competencias para redactar los documentos del PFC y realizar su presentación. Sus contenidos serán optativos y podrán diversificarse en asignaturas de acuerdo con los medios expresivos (escritos, orales o audiovisuales) y los procedimientos a emplear para alcanzar sus fines. Su convergencia con el resto de las enseñanzas será de concertación.

1.6. Taller de Proyectos III

Este taller constituye la segunda fase del módulo PFC. Podrá desarrollarse simultánea o posteriormente al módulo técnico, según establezca para cada curso la Junta de Escuela a propuesta de la Comisión Académica, pero lo hará siempre en el segundo semestre que curse cada alumno, sea éste el de primavera o el de otoño. Su docencia se asigna al DPA. Su convergencia con las demás enseñanzas será de concertación. Su finalidad será desarrollar la propuesta realizada en el taller de Proyectos II, integrando en ella los resultados, cálculos, detalles y demás aspectos, de aplicar las condiciones técnicas y de planeamiento urbano.

1.7. Proyecto Fin de Carrera 

Este trabajo (en adelante, PFC) constituye la última fase del módulo PFC y conduce al examen de nivel universitario cuya superación completa la formación de arquitecto requerida por la Directiva 2005/36/CE del Parlamento Europeo y del Consejo. Se desarrollará posteriormente al taller de Proyectos III en régimen de tutoría dentro de las Aulas. Su finalidad será redactar el Proyecto desarrollado en el Taller de Proyectos III en grado de proyecto de ejecución. Su superación proporcionará la habilitación como arquitecto en España y el reconocimiento de cualificación profesional en el ámbito de la Unión Europea.

 

PROTOCOLO DE SUSPENSOS

Aquellos estudiantes suspendidos en el Taller de Proyectos II, después de las convocatorias extraordinarias, deben incorporarse a un aula que comience docencia en Proyectos I.

– En el caso que el alumno ya tenga aprobado el taller de Proyectos I, podrá tener un seguimiento de los tutores del Aula. En este caso se trabajará desde el enunciado que se esté desarrollando en el Aula correspondiente y se le calificará a la finalización de Proyectos II.

– En cualquier caso, las notas de Proyectos I serán definitivas al acabar la docencia de PI.

– El DPA asignará los alumnos a las Aulas en función de las necesidades docentes.

El alumno/a suspendido en el Taller de Proyectos III, puede:

– Seguir mediante tutelas personales con el profesor que le ha guiado su proyecto hasta entregar el PFC, incluso si el Aula ha finalizado su ciclo docente. El alumno solamente puede acogerse a este caso en una ocasión. Las Aulas tienen la obligación de asumir los alumnos que opten por este sistema, que le se serán remitidos por el DPA en función de las necesidades docentes.

– Puede incorporarse a un Aula que comience Proyectos III siguiendo las condiciones del Aula, bien desarrollando su proyecto inicial, bien desarrollando un nuevo proyecto cuyo enunciado será proporcionado por el Aula. Las Aulas tienen la obligación de asumir los alumnos que opten por este sistema y que le serán enviados equilibradamente por el DPA, en función de las necesidades docentes.

– Desde el DPA se recomienda que en el caso de suspender el Taller de Proyectos III y que el alumno quiera incorporarse a un Aula, se le sugiera comenzar su nuevo trabajo desde Proyectos I. Obviamente el alumno conserva las asignaturas aprobadas hasta ese momento.

El alumno suspendido ante el Tribunal de evaluación del PFC, puede:

– Seguir mediante tutelas personales con el Aula y profesor tutor de su proyecto, incluso si el Aula ha finalizado su ciclo docente.

– Puede incorporarse a un aula que esté impartiendo PFC siguiendo las condiciones del Aula. Obviamente el alumno conserva las asignaturas aprobadas hasta ese momento.

Las Aulas tienen la obligación de asumir los alumnos que opten por estos sistemas y que le serán enviados equilibradamente por el DPA en función de las necesidades docentes.

Revisiones

En cuanto a las revisiones de las calificaciones, en P1 y P2 deben estar finalizadas una semana antes de la fecha de publicación de las actas definitivas.

En cuanto a las de P3, deben estar hechas hasta un mes después de la calificación provisional de dicho nivel.

 

M. Habilitante Informacion General

Organización de Máster

José María Sánchez García | Coordinador del Máster
Pilar Rodríguez-Monteverde | Secretaria Académica del Máster
Carlos García Fernández | Coordinador Prácticas
Cristina Ruiz Monter | Secretaria Administrativa

Contacto

Secretaría de Subdirección | ETSAM-UPM
Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid
Avenida Juan de Herrera, nº4. 28040 – Madrid [1]
Teléfono: +34 910674744
Correo: masterhabilitante.arquitectura@upm.es
Contacto Prácticas: practicas.arquitectura@upm.es

masterhabilitante.proyectos.arquitectura@upm.es

M. Habilitante Información administrativa

El calendario de inscripción al Máster está disponible en la página de Másteres Universitarios de la UPM [AQUÍ]

 

MÁSTER HABILITANTE

El Máster Universitario en Arquitectura habilita para el ejercicio de la profesión de Arquitecto. Para acceder directamente a las enseñanzas oficiales de Máster en Arquitectura, será necesario estar en posesión del Título de Grado en Fundamentos de la Arquitectura en alguna Universidad española.

Cuando el alumno esté en posesión de una titulación extranjera que no cumpla lo dispuesto en la Orden EDU/2075/2010, de 29 de julio, para acceder al Máster en Arquitectura, deberá pedir previamente la convalidación o reconocimiento de créditos de la titulación de la que procede y realizar los créditos correspondientes para poder obtener el Título de Grado en Fundamentos de la Arquitectura que le permitirá posteriormente acceder al Máster en Arquitectura. Para solicitar la convalidación y mayor información puede escribir un correo a intercambio.arquitectura@upm.es

 

PRE-INSCRIPCIÓN

Las personas que quieren empezar el Máster Habilitante deben realizar primero la Preinscripción general a través del Sistema Helios de la UPM LINK .

Una vez se reúna la Comisión de Admisión se procede a la publicación de la lista de alumnos admitidos.

 

MATRICULACIÓN

Si has sido admitido en el Máster Habilitante deberás entonces realizar tu matrícula on-line a través de la Automatrícula.

Este trámite de matriculación es común a todos los Másteres de la Universidad Politécnica de Madrid.  Encontrarás instrucciones así como información precisa al respecto en la página oficial de la UPM –  AQUÍ. 

 

ELECCIÓN DE GRUPOS

Tras la sesión de presentación de las Aulas que comienzan docencia en el correspondiente curso académico se realiza la elección de grupos. Tanto el listado de asignaturas disponibles como la normativa e instrucciones a seguir están disponibles en la página web de la Escuela, en el apartado de Máster Habilitante.  LINK

M. Habilitante PFC Guía

1.ÁMBITO DE APLICACIÓN
1.1. Objeto

Este reglamento establece las directrices de actuación y los criterios de organización del Máster Habilitante universitario en arquitectura por la UPM (en adelante, Máster) y su módulo llamado Proyecto Fin de Carrera (en adelante, Módulo PFC) en lo referente a sus enunciado, realización, tutela, evaluación y convergencia (de concertación o de colaboración) con los otros módulos y asignaturas en concordancia con la Estructura Académica del Máster Habilitante aprobada por Junta de Escuela con fecha 16 de marzo de 2015.

1.2. Definición

El módulo PFC comprende las sucesivas fases de desarrollo de un ejercicio académico original que se realiza y presenta individualmente y consiste en un proyecto integral de arquitectura en el que se sintetizan todas las competencias adquiridas en el máster y en los estudios previos conducentes a cualquier título de grado oficial que, sin ser habilitante, constituya requisito específico de acceso a él.

1.3. Finalidad

El módulo PFC culmina, mediante la elaboración y superación del Proyecto Fin de Carrera (en adelante PFC) en él integrado, el proceso de formación para ejercer la profesión regulada de arquitecto que proporciona la Escuela gracias a la convergencia de todas las enseñanzas del máster que conducen a la capacitación para el desempeño de los trabajos propios de la citada profesión, trabajos cuyo contenido y documentación específica a redactar describe el RD 2512/1977.

2.CARACTERÍSTICAS DE LA FORMACIÓN

2.1. Objetivos

El Módulo PFC se desarrollará hasta el punto de demostrar suficiencia para determinar la completa ejecución de las obras de edificación sobre las que verse, con cumplimiento de la legislación técnica y administrativa aplicable. Los departamentos responsables de los talleres concertados con él orientarán a tal fin la programación docente y las previsiones de ejecución correspondientes.

2.2. Contenidos

Con la debida antelación, el departamento de Proyectos arquitectónicos (en adelante, DPA) definirá los temas a desarrollar en el PFC durante el curso siguiente (distintos según su programa, contexto de inserción y tamaño) y a continuación, los departamentos responsables de todas las enseñanzas convergentes propondrán contenidos concretos para el apoyo de cada uno de esos temas en los ámbitos de su competencia disciplinar.

2.3. Organización general de las enseñanzas

Recibidos los temas del PFC, las propuestas de los departamentos para concertarse con ellos y apoyarlos con enseñanzas optativas, la Comisión Académica de la Escuela, tras valorar sus posibles solapes y lagunas, informará a la Junta de Escuela, la cual aprobará la organización de las enseñanzas del curso siguiente, incluyendo los contenidos del proyecto y los de los talleres y asignaturas que se integren en los módulos destinados a converger en él, así como la secuencia no expresamente predeterminada de las enseñanzas y la asignación de docencia a los departamentos.

2.4. Convergencia de las enseñanzas

Según el tipo de apoyo que presten a la consecución del objetivo habilitante del máster, se establecen dos modalidades de convergencia docente: la concertación y la colaboración. La primera está orientada a preparar o reforzar el desarrollo de temas específicos del PFC y se aplicará en los talleres. La segunda no se vinculará necesariamente a los temas, podrá ser especializada o interdisciplinar, se aplicará en las asignaturas optativas y sus objetivos y contenidos se dirigirán a fortalecer competencias profesionales concretas dentro de las mencionadas en los precedentes apartados 1.2 y 1.3. 2.5. Sistemas de evaluación Excepto la constitutiva de la presentación y defensa de los trabajos correspondientes a la última fase de desarrollo del PFC, la evaluación del aprendizaje en todos los talleres y asignaturas convergentes será continua, considerándose causa de fuerza mayor sobrevenida cualquier insuficiencia en su superación a efectos de acceso a exámenes finales ordinarios o extraordinarios.

Unidad Barbarín

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CIUDAD AGOTADA (I):

BARRIOS DE POSGUERRA

El movimiento moderno nació a principios del siglo XX, pero triunfó definitivamente tras la Segunda Guerra Mundial. La arquitectura y el planeamiento modernos encontraron entonces un contexto de urgencia suficiente para emerger como la solución necesaria a la reconstrucción urbana y el alojamiento de la población migrante asociada a la industrialización masiva.

En España, este proceso sucedió algo más tarde y con menos recursos financieros y materiales que en otros países europeos de nuestro entorno. El resultado fue el nacimiento de nuevos barrios formados por edificios con escasa habitabilidad y apenas aislamiento climático, sin ascensores, y en general, con estándares constructivos muy básicos.

La rehabilitación de estos barrios de vivienda construidos durante las décadas de 1950 y 1960 ha consistido hasta ahora en arreglos parciales, centrados principalmente en la incorporación de mejoras en el aislamiento y la instalación de ascensores. Como tales, no se cuestionan la morfología de estos barrios que fueron creados en un momento de emergencia económica y escasez material, a pesar de que se usaran unos presupuestos acordes a los planeamientos urbanísticos del Movimiento Moderno.

Hoy volvemos a vivir en un momento de emergencia habitacional. El déficit acumulado de vivienda en las grandes ciudades, unido a los flujos financieros globales que encuentran acomodo en la inversión en bienes inmuebles, hacen difícil el acceso a la misma. Es quizá el momento de recuperar las ideas y la energía incorporada en la producción de algunos aspectos de la ciudad moderna, más allá de la conservación de elementos formales o materiales concretos de los objetos del pasado. Instituciones como el Ayuntamiento de Madrid están planteando la densificación del tejido urbano existente. En este contexto, el proyecto de curso que proponemos consiste en responder a una pregunta sencilla: ¿es posible aplicar soluciones semejantes al proyecto PLUS, de Druot, Lacaton y Vassal, en el contexto español?

Curso 2026-2027

Curso 2025-2026

Curso 2024-2025

 

Unidad Coll-Barreu

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COMMUNITY

Comunidad. La forma-en-común

«La verdadera comunidad no surge de la simple convivencia de individuos, sino de su vivir los unos para los otros, de su compartir el centro viviente» (Buber 1937: 67). En «Ich und Du» (Yo y Tú), Martin Buber concibe la comunidad como el vínculo ontológico fundado en la relación yo-tú. Esa fundación se sustenta sobre un centro, que para nosotros es un lugar geométrico, y en donde él advierte, como había hecho Le Corbusier (1923), la existencia de la vida.

Las nociones escalonadas «individuos», «compartir» y «centro viviente» remiten con facilidad a la arquitectura, cuya identificación con la idea de comunidad y los valores comunitarios resulta convincente y lógica. Desde las utopías urbanas del siglo XX hasta los enfoques participativos contemporáneos, la arquitectura se ha debatido entre la aspiración a construir la colectividad y la realidad de su disolución en la sociedad industrial y posindustrial. Entender la comunidad como un fenómeno arquitectónico implica reconocer que el entorno edificado es un soporte físico y una estructura para las relaciones, es decir, la «máquina» que las mueve o, al menos, uno de los motores que las impulsa o promueve. La arquitectura, en consecuencia, no definiría meros objetos sino facilitadores de convivencia.

La ciudad industrial fragmentó las formas de vida premodernas en beneficio de un individuo urbano cada vez más autónomo. En ese contexto de crisis del concepto tradicional de comunidad, Le Corbusier definió, en las sucesivas propuestas de la Ville Radieuse (1924- 1933) una colectividad favorecida por la eficiencia, la higiene y la transparencia. Era un planteamiento universalista en aspiración y abstracto en expresión, cualidades ambas de las que carecía la ciudad burguesa. Parecía que la Ville Radieuse aspirara a dar cobijo a, por fin, la comunidad de todos los seres humanos.

A partir de 1952, con la primera Unité d’Habitation en Marsella y las que siguieron, al funcionalismo positivista de la Ville Radieuse se suma una nueva visión de comunidad, entendida simultáneamente como organismo técnico y afirmación poética, como lugar sin conflicto. Las unités querrán negar la soflama de Hannah Arendt, «la sociedad moderna se define menos por la acción común que por la administración de los hombres como cosas» (1958: 45), una voluntad que también perseguirán las comunidades planificadas que se extenderán por Europa durante esas décadas de posguerra.

Martin Heidegger, en su célebre conferencia «Construir, habitar, pensar», afirmó que «habitar es el modo en que los mortales son en la tierra» (Heidegger 1951: 7). Desde esta perspectiva, la comunidad no surge de la planificación sino del reconocimiento compartido del lugar. Algunos arquitectos desarrollaron una concepción existencial de la comunidad, vinculada al habitar y a la pertenencia, como Alvar Aalto, cuya obra buscó reconciliar individuo y colectividad. En el Pabellón de Finlandia (1939) o en el Ayuntamiento de Säynätsalo (1952), la comunidad se expresa a través de la realidad más física: el material, la topografía y la construcción.

En esta línea fenomenológica, Gaston Bachelard sostuvo que el espacio habitado constituye una topografía del alma: «la casa es uno de los mayores poderes de integración para los pensamientos, los recuerdos y los sueños del hombre» (Bachelard 1957: 26). La comunidad, desde esta óptica, no es únicamente social sino también imaginaria: el conjunto de vínculos que emergen de la memoria compartida del lugar. En un sentido semejante, Frank Lloyd Wright propuso con Broadacre City (1932) una comunidad descentralizada, orgánica, donde la autonomía individual coexistía con la pertenencia territorial. Su ideal de una «democracia arquitectónica» pretendía reconciliar lo local con lo universal mediante una relación ética con la tierra (Wright 1943).

Constantin Brancusi ofreció una visión paralela. Su Columna sin fin (1938), erigida en el parque Târgu Jiu, Rumanía, condensa la idea de comunidad como continuidad y ascensión espiritual. Las piezas modulares se elevan en una secuencia casi infinita que alude a la unión de los individuos en una totalidad que los trasciende. Como la arquitectura, aspira a articular unidad y diversidad mediante la repetición, la emoción y la proporción.

A partir de la década de 1960, el paradigma comunitario del movimiento moderno comenzó a ser objeto de revisión. Aldo Rossi, en «La arquitectura de la ciudad» (1966), recuperó la idea de la memoria colectiva como fundamento de la forma urbana. La comunidad, para Rossi, no podía reducirse a la función o el plan, era «una permanencia del espíritu en el tiempo» (Rossi 1966: 65). Su reivindicación de los tipos y monumentos urbanos reintrodujo la dimensión cultural y simbólica de la colectividad. Simultáneamente, Jane Jacobs en «The Death and Life of Great American Cities» (1961) denunció la destrucción de los tejidos comunitarios provocada por la planificación tecnocrática, defendió la diversidad y la interacción espontánea como soporte de la comunidad, «la confianza surge de las aceras llenas de vida» (Jacobs 1961: 72), y confirió al «diseño como mediación» nada menos que la categoría de monopolio en la definición del lugar comunitario.

En el terreno del pensamiento político, Jean-Luc Nancy propuso en «La comunidad inoperante» (1986) una redefinición filosófica del término. Para Nancy, comunidad «no es una obra que se realice, sino una exposición de singularidades» (Nancy 1986: 35). La comunidad será, por tanto, una coexistencia de diferencias. La experiencia colectiva como suma de individualidades estaba presente en la noción de «escultura social» de Joseph Beuys, quien entendía el arte como un proceso de transformación comunitaria: «cada hombre es un artista» (Beuys 1973: 6). Su acción «7000 robles» (Documenta 7, Kassel, 1982) articuló una comunidad de ciudadanos que plantaron árboles como gesto ecológico y político. El lugar urbano se convertía en territorio de participación.

A finales del siglo XX, Nicolas Bourriaud introdujo el concepto de «estética relacional» para describir aquellas prácticas artísticas que producen «modelos de sociabilidad» (Bourriaud 1998: 16). En el cambio de siglo, Francis Alÿs convocó a cientos de voluntarios para mover una duna apenas unos centímetros. La inutilidad del gesto subraya la cercanía entre los actores por encima del logro, una poética del «estar junto a otro» antes que del monumento («When Faith Moves Mountains», 2002).

Bruno Latour (2018) propone «volver a la Tierra» mediante una política de proximidades donde el territorio se entiende como red de interdependencias, y la noción de comunidad adquiere una dimensión ecológica. Prácticas como las de Rural Studio en Alabama o Anna Heringer en Bangladesh demuestran que la construcción participativa fortalece la identidad colectiva y constituye una estrategia de resiliencia material y social. La comunidad deja de ser una categoría nostálgica para convertirse en una herramienta crítica.

La arquitectura moderna heredó de la Ilustración el sueño de una comunidad universal, el siglo XX demostró que la construcción de ese ideal era posible, y proporcionó las herramientas. Lejos de desaparecer, la idea de comunidad se ha fortalecido en un campo de experimentación proyectiva ética, estética y política. La Transformación de la Tour Bois-lePrêtre de Lacaton & Vassal (París, 2011), amplió las viviendas sin desalojar a sus habitantes, en un proceso que redefinió la relación entre profesional y usuario (Frampton 2020: 312). Francis Kéré, en la escuela primaria de Gando (2001), incorporó el saber local y la colaboración colectiva como componentes esenciales del diseño. En los dos casos, la comunidad no fue un destinatario pasivo, sino un agente productor.

La esencia comunitaria de la arquitectura se ha ampliado a la memoria. Las palabras de Peter Zumthor, «los edificios que amamos son aquellos en los que sentimos que otros seres humanos estuvieron antes que nosotros» (Zumthor 2006, p. 23), podemos leerlas como eran, una claudicación nostálgica, pero también como la incitación a una acción donde la comunidad se imponga al tiempo y construya una forma-en-común multigeneracional, un lugar que catalice nuestro estar-juntos y lo proyecte hacia delante.

Juan Coll-Barreu

 

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